lunes, 10 de marzo de 2025

 CRÓNICAS SAN MARQUERAS: RITOS DE SAN MARCOS EN LOS SIGLOS XVI - XVII

    En los siglos XVI y XVII hay varios escritos en la región extremeña que nos relatan la relación del Santo con los toros el día de su fiesta.

    Varios autores, la mayoría religiosos, como este que a continuación expongo, son los cronistas de estos acontecimientos que en algunos casos son sus más acérrimos defensores. Fray Francisco de Coria es uno de ellos.

    En su manuscrito editado en 1602 , trata como su título dice de la descripción histórica de la región de Extremadura, en aquella época provincia. Hablaba como su titulo indica más abajo de antigüedades y grandeza..., y fundación de sus iglesias y obispados.

    En el capítulo 61, lo dedica enteramente al rito de San Marcos que se celebraba en el pueblo de Brozas todos los años. Consta de 3 páginas manuscritas. He intentado trascribirlas lo más parecido al original, entre paréntesis las palabras que no he podido transcribir. No había apenas comas y menos puntos, voy a intentar poner algunos para que sea más legible.

Descripción e historia general de la provincia de Extremadura [Manuscrito]: que trata de sus antigüedades y grandeza..., y fundación de sus iglesias y obispados / compuesto por Fray Francisco de Coria, de la Provincia de San Gabriel, de los descalzos de San Francisco (1602)

 

(En San Diego de Sevilla a veinte días de enero de mil y seiscientos y ocho años)

 



 

CAPITULO LXI EN EL CUAL SE TRATA DE

 UNA SOLEMNE PROCESIÓN QUE SE HACE

 EN LA VILLA DE LAS BROZAS TODOS LOS

 AÑOS EL DÍA DE SAN  MARCOS

 EVANGELISTAEN LA QUE SE TRAE UN

  TORO MUY BRAVO

Hay en la villa de Las Brozas una Iglesia dedicada a la advocación del Glorioso  Evangelista San Marcos. Hay en ella fundada una Cofradía de gente honrada y devota de la Villa,  y por devoción y reverencia del Santo sacan algunos toros: Los que se guardan en los prados de dicha Villa, y llegada la víspera  de la fiesta de San  Marcos sale el Mayordomo de su Iglesia  con seis Cofrades en busca del toro que para aquel año se haya señalado. Y llegados el Mayordomo y Cofrades a la boyada con unas varillas en las manos acercándose al toro con mucha fe y devoción. En nombre de Dios y del  Santo le dice el Mayordomo alzando los brazos: Anda acá Marcos que ya es tiempo y hora de  ir a […]  a la celebración y fiesta del Evangelista San Marcos.

 El cual oyendo esto cogen un toro el más feroz y  bravo que hallan y eligen para este ministerio se rinde y amansa ya y da lugar para que lo sacándolo de la vacada y lo guían y traen a la dicha Villa como si fuera una mansa oveja, y llegando con él a la iglesia de San Marcos que está fuera de la Villa. En  la cual está apunto esperando el toro y pueblo. 

Empiezan  las vísperas con mucha solemnidad alegría los asista el toro guiando  con mucho sosiego y reposo como si fuera persona que hubiera entendimiento y acabadas las vísperas el Mayordomo y  Cofrades lo llevan a la Villa y lo traen por todas las calles de ella y lo entran en muchas casas y andan con él por todos los aposentos bajos de ellas y piden limosna para el Santo. Entrando y saliendo por  donde le guían torciendo  el cuerpo y cuernos  por la estrechura de los lugares  por donde le hacen entrar, y después que de esta manera andando con él por toda la Villa lo llevan a un cercado y  lo encierran dentro, a donde se queda aquella noche. 

Y por la mañana entra en el cercado el Mayordomo solo y  llamando de la misma manera lo saca afuera y  lo lleva a la Iglesia Mayor de la dicha Villa donde está presente la clerecía y pueblo. Y  ordenándose una devota y  solemne procesión salen de la Iglesia llevando en medio de ella al dicho toro y juntos  de los sacerdotes que van revestidos para celebrar la Misa. Y es grande maravilla el sosiego  y mansedumbre con cual sin hacer daño a nadie. Llegándose  todos con seguridad  y tocándolo le ponen las manos en el cerro (lomo) y asiéndolo por los cuernos poniéndole  en ellos roscas de pan, guirnaldas de flores y candelas encendidas. 

A punto tan  manso  a todo como si fuera un cordero, y muchas veces sucede con la apretura de la gente que aquel día acuda de toda la  comarca a ver esta maravilla apretarle tanto que muchas veces acontece caer sobre él sin hacer más movimiento que si fuera un jumento: Antes sucede muchas veces viéndose apartado con la mucha gente alzar la cabeza y barba por no  hacer daño ni tocar a nadie con los cuernos. 

Y de esta manera viene en la procesión hasta llegar al monasterio de Nuestra Señora de la Luz de frailes descalzos de San  Francisco que está un buen trecho apartado y fuera de la Villa y allí salen los frailes en procesión a recibir la de la Villa, y un tiro de piedra antes de llegar a la Iglesia del monasterio está un devoto humilladero o capilla y pasando la procesión por punto de él, sube el toro cinco gradas bien agrias para entrar en él. Y al salir baja otros cinco escalones de piedra con grande admiración y espanto de los que lo traen y maravilla la procesión por los prodigios entran  en la iglesia del monasterio con el  toro y pasan al claustro dando vuelta alrededor de él y vuelvan a entrar en  la capilla mayor por junto a la cripta, y  entrando el  toro en la capilla suba las gradas del Altar Mayor que son ocho y bien agrias de subir y llegando a la peana del altar mayor con el hocico huele y besa el altar  y dando la vuelta vuelve a bajar las dichas gradas sin hacer mal a nadie con verse bien apretado de la mucha gente que lo cerca y saliendo con la procesión de la Iglesia va con ella hasta la ermita  de San  Marcos. En  la que celebran  luego la misa con grande solemnidad en  un  altar que  esta aderezado por la parte de afuera por no caber la gente dentro por ser mucha a la que se predica. A todo lo cual así va le toro andando muy manso y quieto hasta que el sacerdote consuma. Y entonces le hacen señal con unas varas el Mayordomo y Cofrades dándole con ellas y hecha esta señal sale de allí tan feroz y desazogado corriendo con tanta bravura y furia que espanta volviendo algunos veces  la cara atrás  como espantado sino osar nadie burlarse  con él más guardándose de él  como  mejor cada uno pueda. 

Cosa por cierto que causa  ¿milagro  y? (suprimidas)  admiración y parezca milagro manifiesto  con el cual quiera Dios manifestar la grandeza y santidad de su cronista San Marcos pues la furia y fiera amansa a un animal tan bravo y feroz. Aunque es verdad  que a San  Marcos entre los cuatros Evangelistas le es apropiado el león y el toro a San Lucas, creo  se hace esta memoria en toro por no haber  león en  España y quien amansa un toro bravo amansara un  león.

 Si hubiera en el campo de rojo el Señor que todo lo puede como se lee en la vida de San Jerónimo a donde se dice que amansó Dios  un león por medio de este Santo Doctor al cual sacó en el desierto una espina que se le había hincado en una mano, y por esto pintan a San Jerónimo con un león a los pies y también se cuenta esta maravilla  en otras muchas  historias. 

Por haber tenido muchas grande incredulidad y dudado mucho de esta maravilla del toro sea suspendida la procesión. Algunos toros  por mandato particular del obispo de Coria como dio caso  no por lo cual la maravilla  de la Brozas y los cofrades de San Marcos tenían Breve Apostólico y licencia general  del Papa para que todos  los años se haga la procesión del toro, pues Dios ha querido demostrar esta maravilla. 

    A continuación tenemos a otro autor Extremeño, este no era religioso, Jacinto Arias de Quintana Dueñas. Este licenciado era nativo de Alcántara de la provincia de Cáceres (Extremadura).

    Según se cuenta en su biografía era un poco exagerado con la defensa que hacía de su tierra, Alcántara. Era considerado historiador y cronista local. Para ensalzar su pueblo, se convierte en un adelantado de la barbaridad y la excentricidad histórica.

        En concreto, el profesor Claros recoge algunas de las ocurrencias de don Jacinto, entre las que destacan que el general cartaginés Amílcar Barca está enterrado en Alcántara, que el emperador Trajano nació en el cercano pueblo de Piedras Albas, donde los apóstoles Pablo y Santiago predicaron el cristianismo, o que don Pelayo llegó a Alcántara en una cesta por el Tajo desde Toledo como Moisés por el Nilo.

    Matidia Augusta, hija de Nerva y hermana de Trajano, era cristiana y fue martirizada por lo que el cronista Jacinto modificó la inscripción que hay en el arco triunfal del puente de Alcántara «para incluir en ella el nombre de la mártir».

    Este cronista fue un adelantado en casi cuatrocientos años de aquellos que van diciendo exageraciones para enaltecer su región "país".

    El profesor Fernando Claros compara a este cronista con el catalán Victor Cucurrul, que dice así: "Santa Teresa de Jesús era catalana de Pedralbes; Cervantes y Leonardo da Vinci eran catalanes; Cristóbal Colón era catalán y no partió hacia América del puerto de Palos, sino del puerto de Pals; el conquistador Diego de Almagro era el catalán Jaume d'Aragó-Dalmau, siendo Almagro una contracción de su apellido. Otra contracción convirtió al catalán Francesc de Pinós de So i Carrós en Francisco Pizarro, que descendía de la realeza, al igual que el catalán Ferrán Cortés, o sea, Hernán Cortés". 

  Y termina Claros así: "Un disparate más: Cucurull niega que Carlos V se viniera a retirar a Yuste, al «culo del mundo, a joderse de asco». Según Cucurull, se retiró al monasterio catalán de Sant Jeroni de la Murtra". 

    He obviado parte de este capitulo, el décimo tercero, en lo referente a la explicación de otros milagros en la que intervienen Santos y la Divinidad, Dios o Jesús.





ANTIGÜEDADES Y SANTOS DE LA MUY NOBLE VILLA DE ALCANTARA DEDICASE A LA MISMA VILLA POR EL ICENCIADO D. JACINTO ARIAS DE QUINTANA DUEÑAS SU HIJO Y AUTOR
                                                                    
                                                                                1661 
 CAPITULO DECIMOTERCIO 
    De la fiesta que se celebra en Alcántara cada año al glorioso Evangelista San Marcos en su día, en que se halla, y asiste muy manso un toro de los del Santo, que suelen ser muy bravos. 
Infinitos han sido los autores, y mercedes que hace la Majestad Divina a la villa de Alcántara, de que sus moradores con humilde rendimiento de gracias se las deben continuamente estar dando en lo devoto de sus corazones, pues haciendo ostentación con liberal mano de sus maravillas, y beneficios, en todas ocasiones de guerra, y otras que se han ofrecido, la ha favorecido visiblemente, y lo que más es, que le ha dado en la cumbre celestial tantos Santos, hijos suyos, por interceptores para el remedio y socorro de sus necesidades.
    El brotar aquí los manantiales de la divina misericordia, yo juzgo, que ha sido por el culto, y devoción grande, que ha mostrado siempre esta Villa con sus gloriosos Santos, que para que lo reconozca, se lo quiere descubrir con lo manifiesto de sus milagros.
    Diré uno, que todos los años obra en ella en honra del glorioso evangelista San Marcos, en su día, de quien es muy devota, es, pues, el caso, que de tiempo inmemorial, cuando se llega el día de su fiesta, y víspera, los Mayordomos, y Cofrades de la cofradía, para solemnizarla más, van al monte, donde está un toro bravo de los del Santo, que suelen ser muy bravos, y en nombre de San Marcos, y con su estandarte, que llevan, le requieren, que se venga con ellos a su fiesta. 
    Hecho este requerimiento, el roro deja el monte, y caminando hacia la Villa en seguimiento del estandarte, y Cofrades, entra en la Iglesia, donde está la Imagen del Santo, y allí asiste a las vísperas que le cantan, y sube a las escaleras del Altar mayor, besa las gradas, y después le llevan por casi todas las casas de la Villa, donde entra, y sube por escaleras bien estrechas, y siendo aquel animal tan feroz, va más manso que una oveja, y de la misma manera el día siguiente de la fiesta está presente a ella junto al Altar mayor, mientras se celebra la Misa, y predica el sermón, y se hace la procesión, en la cual va con la misma sujeción, y mansedumbre, y se deja tocar los cuernos, y acabada la fiesta, se parte al monte, sin hacer mal, volviendo cuando en él está a su natural ferocidad. 
    No ignoro, que algunos escritores, o por mal informados, o por poco noticiosos de la materia, han hablado variamente de ella, y algunos sentido mal, lo cual, por tocar a mi patria, y tener esta acción tantos apoyos, y fundamentos, para que se tenga por milagroso este caso, me ha dado motivo a referirlos en esta mi historia, para que los que han concebido mal de él, si fuere posible, se quieten, y depongan el escrúpulo que hubieren tenido. 
    El padre Eusebio Nierembereg, tratando este caso, sin declarar su sentir, se contenta solo con decir que sobre ello hay diversos pareceres, unos que lo atribuyen a la magia, y otros a milagro.
El padre Maestro Fray Rafael de la torres, refiriendo esto, no se atreve a resolver que tenga superstición, o no. 
    Laguna, ad Dioscorides, refiere este suceso, a que embriagan al toro, opinión bien ridícula, y sin fundamento, y que ella misma por si esta convencida, sin necesidad de buscar razones para ello. 
    Valdemoura lo da por supersticioso, y como tal prohibido por Breve de Clemente VIII, expedido en 10 de mayo del año 1598, a instancia del Obispo de Ciudad Rodrigo, en lo que reprobó, y prohibió como tal, y que en ello se tentaba a Dios para que hiciese milagros, y como acto, en que se ponían en peligro de muerte los que asistían, en él.
     La misma opinión siguieron Torreblanca, y el doctor don Juan de Quiñones. Yo sujetándome, como lo hago, en lo que escribiere, y dijere, a la censura, y corrección de la Santa Madre Iglesia Católica Romana, juzgo que este suceso se debe atribuir a milagro, y para entrar con mejor pies en esta cuestión, responderé en primer lugar al Breve del Papa Clemente, y de la repuesta misma me valdré para sacar de ella las razones, y argumentos, con lo que se puede calificar por milagro. 
    Si se mira con toda atención al Breve, se hallará en él, que el Sumo Pontífice se movió a despacharle a instancia del Obispo de Ciudad Rodrigo, por el informe, y suplica, que le hizo de las ceremonias, y demás circunstancias supersticiosas, que pasaban en aquel obispado, que no se saben cuales fuesen, y fundado en ellas, le dio como prohibición, para que no se hiciese; pero no ex sciencia, &motu proprio, respeto de lo cual solo obligará en aquel Obispado de Ciudad Rodrigo, para donde se dirigió, pero no fuera de él, mayormente estando como no está recibido en otras partes.
    De este modo satisface, y responde a este Breve, y así lo hace el Padre Tomás Hurtado, fraile de los Clérigos Menores. Los segundo se responde, que no tiene lugar su disposición, cuando de costumbre inmemorial, como en Alcántara, se ve que Dios hace, y ha hecho siempre este milagro, porque con esta evidencia cesan las razones de su prohibición, porque pedirle a Dios un milagro, cuando se obra continuamente cada año, no es tentarle, supuesto que no se hace en duda de tomar experiencia de la potencia, y voluntad divina, pues está ya bien conocida.
    Esto se funda en la doctrina de Santo Tomás que dice: Que la tentación es un dicho, o hecho para tomar experiencia de la potencia, y voluntad divina; lo cual no interviene aquí por tenerla ya bien experimentada, y así viene muy a propósito lo que dice el padre Lesio, que no es tentar a Dios, cuando se pide a un Santo, que tiene don de hacer milagros, que los haga; y consiguientemente de aquí se infiere, que el que asiste a esta fiesta, en que se halla el toro, no se puede decir que se pone en peligro de muerte, ni hace acto supersticioso, porque la costumbre inmemorial del milagro, excluye todas estas circunstancias. 
    De este segundo modo responde también al Breve de Clemente el Padre Tomás Hurtado, en el lugar citado, donde latamente defiende no ser este acto de la festividad de San Marcos, con el toro supersticioso, antes lo atribuye a milagro: y lo mismo sienten el padre Fray Antonio de Yepes, y el Padre Fray Juan de la Trinidad, que lo refieren muy extenso. 
    Y para comprobación de serlo, refiere este último Cronista dos casos sucedidos en la Villa de Brozas, donde se hace la festividad de San Marcos, de la misma manera que en Alcántara. El uno que pasó en tiempos antiguos más allá de 150 años, según el se informó de personas fidedignas, y fue, que habiendo mandado cierto Juez Eclesiástico, con grandes penas, que para la celebración de la fiesta no se trajese el toro, y obedecido el Mayordomo y Cofrades, estando junto al Pueblo para empezar las vísperas en la Ermita, vieron, que sin traerle persona alguna entró el toro en ella, y asistió mientras se cantaron; y el día siguiente de la misma manera estuvo presente en la Misa, y anduvo en la procesión por las calles, siguiendo la imagen del Santo en la forma que otras veces, sin llamarle Marcos, ni hablarle ninguno de los cofrades, ni otra persona, como antes solía, por no incurrir en las penas impuestas; lo cual visto, se pidió de ello testimonio por los Cofrades, y se puso la causa en el Tribunal del Nuncio, donde se ventiló, y hecha la averiguación de todo, se pronunció sentencia en favor de la cofradía, dandole licencia, para que en la fiesta del Santo se trajese el toro, mandando, que ningún juez inferior lo impidiese. 
    Otro caso más moderno, sucedió el tres de agosto del año 1597. Y fue, que habiendo dado un caballero de la misma Villa a la ermita de San Marcos, una imagen del busto del Santo, y puesto en la pena del escudo de sus armas; algunos que llevaron mal, que tuviese allí, pareciéndoles que por aquel camino se quería introducir Patrono, se lo quitaron, y recurriéndose por su parte al Juez Eclesiástico, se volvió a poner, sobre que resultaron no pequeñas pesadumbres, últimamente algunos mal advertidos, se revolvieron temerariamente a tomar la Imagen del Santo, y cortarle la cabeza, arrojándola en el Osario de la Iglesia Parroquial de Santa María, entre los huesos de los muertos, y el cuerpo en un pozo, que llaman de los Caños, fuera del lugar. Después de algunos días, yendo un labrador a ver si había agua en el pozo, halló allí el cuerpo de la Imagen, y de allí fue sacado, y casi al mismo tiempo, un muchacho mudo a nativitate, subiendo al Osario a buscar un pajarillo, que se le había volado, vio la cabeza del Santo, y en ella, según dicen, posado el pajarillo, y dándolo a entender por señas, fue sacada de aquel lugar; y para desagravio de aquella irreverencia, se mandó por el Juez Eclesiástico, que lo era entonces el Doctor don Fray Juan Roco, que estaba en Brozas para este caso, que pegada con el cuerpo, se llevase en procesión por las calles, sin esperar el día acostumbrado de San Marcos, y así se hizo en 3 de agosto del año 1597 y sin haberse tratado de que viniese el toro, ordenó Dios, que no faltase, porque al tiempo que se decía la Misa, le vieron venir para la ermita, que está pegada al lugar, y acompañado de tres o cuatro muchachos, entró y asistió en ella, hasta que se acabó, y después anduvo en la procesión, estando siempre doméstico, y manso, como un cordero, de que se hicieron informaciones, y autos jurídicos, que he visto, y de ellos consta lo que se ha referido. 

    Y se confirma más ser milagro este suceso con otros semejantes de Santos, que en su vida y muerte, para honra suya, ha obrado Dios por ellos. De S. Juan Obispo Eboracense, de la Orden del Patriarca San Benito, refiere el Padre Fray Antonio de Yepes en el lugar citado, por autoridad de Mateo de Vuest, que en un Pueblo, llamado Baberlacense, donde está enterrado el Santo, para hacerle fiesta, buscan los toros más bravos que se hallan, y echándole maromas, los traen hasta ponerlos en el Cementerio del Templo; y es muy de notar, que entrando en él, le desatan las maromas, y desatadas, se le quita la furia, y braveza que traían y quedan tan mansos, como cordero, y juegan, y se regocijan con ellos, habiendo sido antes muy feroces: y dice Mateo de Vuest, que hasta su tiempo se vio este milagro. 

  A continuación hace una relación de milagros en los que intervienen toros y otros animales, sangre de alguna imagen como la de San Jenaro de Nápoles, sarmientos que todos los años daban uvas en el día del Santo cuando no era su fecha, brotar rosas en el día de la muerte de las nueve mártires de Córdoba, o los árboles en el día de Santa Eulalia, entre el 1 y el 10 de noviembre, tres árboles que florecían al lado del altar mayor estando desnudos de hojas, estas flores servían para curar algunas enfermedades, o las piedras de Alcalá de Henares donde fueron martirizados los Santos Justo y Pastor, que manaban aceite y de otra piedra que daba vino para consagrar y por último el vestido de San Eustaquio en Murcia que se sacaba en procesión para que lloviera. 

"Mostrando el Cielo estos prodigios, y maravillas para gloria de sus Santos".
    
    Seguía así:
    Y no obstará el decir, que el toro de San Marcos, como animal irracional, no está sujeto a las palabras que le dicen el Mayordomo, y los Cofrades de la Cofradía, ni es capaz de razón para obedecer lo que le ordenan, ni es de presumir, que Dios ha de concurrir en esta operación como vana. Argumento que se vale Torreblanca para dar esta acción por supersticiosa; porque se satisface, que el milagro, quien lo obra, no son las palabras que se le dicen al toro, que estas no suponen, ni tienen fuerza, sino es la voluntad de Dios, que le hace por honra, y gloria de su Sagrado Evangelista, porque suele Dios a las veces hacer milagros, usando de cosas, que naturalmente pueden ser causa eficaz de ellos.

    Continúa poniendo ejemplos de milagros que se describen en las Escrituras, la curación de un ciego poniendo Jesús barro en sus ojos, la curación de un mudo y sordo junto al mar de Galilea, o la plasta de higos en la apostema del Rey Ezequías por el profeta Isaías cuando aquel se estaba muriendo y Dios le dijo al profeta que le dijese que viviría.
    Y para terminar:
     Y con todo quiso la Majestad divina usar de estas cosas, para que se viniese en conocimiento, quien obraba allí, no eran los remedios que se veían, si no la poderosa mano de Dios, y su omnipotencia, y voluntad, y que por este camino el milagro fuese más visible. Asunto y doctrina, que la apoya muy bien Torreblanca; lo cual acontece en este caso, pues lo que traen el toro, solo usan de las palabras para manifestar a Dios su voluntad, de que haga el milagro en honra del Santo.
     De todo lo dicho resulta, que no es mucho que en el día del Santo Evangelista, quiera Dios en honra suya amansar, y domesticar un toro, ni es congruente que de ello se haya de tomar sospecha de superstición, o pacto, pues basta el ver, que este suceso pasa en muchas partes donde hay Prelados muy doctos, y lo que más es, que los Tribunales de la Santa Inquisición lo saben, toleran, sin haber querido quitar esta costumbre, y ceremonia, que es argumento para reconocer, que en ello no interviene cosa ilícita, ni sospecha de ella, porque no había de permitir Dios en su Iglesia, en tantas partes como esto pasa, que padeciesen engaño los Fieles por tan dilatado tiempo, como ha que esto corre. 
    En este capítulo bien sé que he excedido de los límites de historiador pasándome al de Teólogo moral, perdóneseme el haberlo hecho, que el pedírmelo la materia, y algunas personas que han deseado ver en esta mi obra ventilado este punto, me han ocasionado el que incurra en este defecto, si es que lo es.

ANDRÉS MARÍN SÁNCHEZ. 2025



viernes, 4 de octubre de 2024


SAN FRANCISCO Y SU TIEMPO

   
                                                                
 
 
                                             PARTE 1ª
Muchos vecinos de este pueblo conocemos bien poco a San Francisco, nuestro patrón. Conocemos que nació en Asís, que era de una familia rica, que abandonó su posición de privilegio abandonado a aquella para seguir por el camino de la pobreza a Jesucristo, el pobrecillo de Asís, que fue amante de la naturaleza, el primer ecologista, etc.
Voy a intentar a hacer una breve reseña de algunos aspectos de su vida. Empezaré como era el mundo en el que él nació. Vivió entre dos siglos XII y XIII (1181 ó 1182 a 1226). Época como ahora de grandes cambios en nuestro mundo occidental, el paso de la Alta Edad Media a la Baja, la Edad de Oro de la Caballería. Esto llevaba un cambio en el despertar de aquella civilización.
Cuando él nace, se estaba produciendo la famosa tercera Cruzada (1189 – 1192) formada por el emperador de Federico I Barbarroja (alemán), Ricardo Corazón de León (inglés) y Felipe II Augusto (francés), por el lado cristiano. Enfrente tenían al gran caudillo turco Saladino, que recupera Jerusalén (1187). En casi toda su vida activa es contemporáneo de otro gran emperador, Federico II, el último Hohenstaufen
En la Italia de aquellos días se vivía en una continua guerra entre los guelfos y los gibelinos, los partidarios del emperador germánico y los del Papa. En Asís, su ciudad de nacimiento, cambiaba de bando según convenía a sus dirigentes y esto hacía que estuviera a mal con su vecina ciudad de Perugía.
En España es la época de las Navas de Tolosa (1212) con el gran rey Alfonso VIII de Castilla (1158-1214) al que poco tiempo después le sucedió otro gran rey conquistador Fernando III el Santo (del 1217 – 1252) o Jaime I el Conquistador de Aragón (del 1214-1276). Es el tiempo del esplendor de Córdoba con el filósofo Averroes y de Moisés Maimonides médico de Saladino
En la Provenza, el sur de Francia, es en aquellos tiempos la tierra de los cátaros. El tiempo de Esclarmonde, sobrina del mítico Perceval o Trencavel, que dio orden de la construcción de Pog de Montségur y la leyenda la mantuvo viva como guardiana del Santo Grial hasta la caída de Montségur (1244). La cruzada contra los albigenses con la derrota y muerte de Pedro II de Aragón en la batalla de Muret (1214) defendiendo a sus súbditos, los cátaros, contra las tropas del Papa y del rey de Francia al mando de Simón de Monfort.
Es el tiempo también de Leonor de Aquitania, mujer de reyes de Francia e Inglaterra y madre de reyes y abuela de reyes de Alemania, Francia, Inglaterra y España.
En el extremo Oriente el imperio mogol surge siendo proclamado Gengis- Khan, Timuyin, “el forjador” (1167-1227)
Son lo años de la fundación de las ordenes hospitalarias y la de los templarios (1118), los carmelitas (1156), la fundación del hansa (1161) fundación de los valdenses (1175), los caballeros teutónicos (1199) o la fundación de los dominicos (1216) entre otros acontecimientos
En el año de su nacimiento, posiblemente en 1182, era una época de grandes turbulencias en toda la Europa cristiana, siendo Italia en el centro de ellas. Su padre era un rico comerciante de telas (paños) llamado Pedro (Pietro) Bernardote de la familia de los Moriconi de Lucca (Toscana) de probable origen judío y según rumores simpatizante de los cátaros. Su madre donna Pica de origen inseguro, posiblemente de la pequeña nobleza provenzal.
El hijo de ambos, Giovanni, llamado Francesco, nació según algunos en septiembre de 1181 o mas probablemente en 1182 en Asís. Según cuenta algunos, cuando nació estaba su padre de viaje de negocios y su madre sintiéndose indefensa, inmediatamente lo bautizo en la catedral de San Rufino. Con las prisas no se escribieron el registro ni el mes ni el día, sólo el año 1181 y el nombre Giovanni. Al regreso del padre, no lo consideró adecuado, aunque no repitió el bautismo, pero en los anales de Nuestra Señora de la Assunta, figura el nombre de Francisco y el año 1182.
Hay leyendas de más allá del siglo XV que dicen que nació, igual que Jesucristo, en el establo de su casa. Había una capilla con el nombre de San Francesco il Piccolo donde parece ser estuvo el citado establo de la casa del Santo,
En su niñez no fue un alumno que llamara mucho la atención. En la iglesia donde tuvo su primera educación, la de san Nicolás, en el día de dicho santo, se tenía la costumbre de nombrar a uno de los niños “episcopello”, obispo. Nuestro santo y patrón obtuvo dos veces ese honor.
Entre 14 ó 15 años es un orgullo para sus padres. De vez en cuando aparece por las dependencias paternas vestido con chalecos y lujosos pantalones algunas veces hasta de dos colores, a la última moda de aquella época. Esto es a causa de las nuevas rutas comerciales traídas por las cruzadas que suministran de Oriente nuevos tintes a los artesanos florentinos. A los clientes le agradaba aquel muchacho despabilado a quien un profesor particular le daba lecciones de italiano, francés y provenzal. Era un alumno al parecer poco atento y su ortografía era floja. No era en absoluto un “idiota”, como se complacía más tarde en calificarse así mismo.
Alrededor de los veinte años es el que organiza las fiestas con los amigos, invita a estos, paga la música y a veces coge el laúd y canta con una voz agradable y sonora. Algunas veces se pasaban de la raya, como los jóvenes de ahora, cantando a media noche echando serenatas o gastando bromas pesadas a los amigos. A los 21 años hay un enfrentamiento entre las ciudad de Asís y la de Perugia. Francisco interviene en ella cayendo prisionero. Tuvo las suerte de ser confundido con la nobleza por su maneras de rico, tener caballo, y esto le permitió estar en los calabozos de aquella ciudad largo tiempo hasta que se pagó un recate. Estos acontecimientos, privado de libertad, le hicieron reflexionar y ver la vida de otra manera cuando la obtuvo.
A finales del 1203 recobra la libertad, parece ser que sus reflexiones en el presidio no le hacen cambiar de comportamientos. Retoma su vida de juerga y diversiones con más ganas si se puede. De nuevo su oro le hace ser el rey de ellas. Pero hay momentos que parece agotado de toda capacidad para divertirse. Empieza a tener comportamientos excéntricos. Ya en la cárcel le decía a sus compañeros que algún día se convertiría en santo. Ahora quiere ser un príncipe y casarse con la dama más bella del mundo y para que lo crean decide unirse a un noble de Asís que está apunto de partir hacia la Apulia. Su padre le compra una armadura, un caballo y un escudero. A la altura de Spoleto, Francesco, da media vuelta y abandona a sus compañeros. Aquí entra parte también la leyenda diciendo que oye una voz sobrenatural, como a San Pablo que le ordena regresar.
Cerca de Asís, en Foligno, se encuentra con un verdadero caballero al que le falta casi todo, armadura y caballo, y le cambia el equipo. Regresa a Asís agotado y posiblemente enfermo. Su padre sufre otra nueva decepción cuando lo ve aparecer de esa guisa.
Por aquellos años, 1205, Francisco se va recuperando de su enfermedad. Ya va recorriendo a pie los alrededores de Asís. Evita la ciudad y los amigos, busca la soledad.
Un día uno de los leprosos de Collestrada, hospital de leprosos, le pide una limosna. Francisco sale corriendo, pero después reflexiona y vuelve tirándole a los pies una moneda de oro. Observa que el hombre, agradecido, le sujeta la mano para besarla. Su primera intención es retiradla, pero recapacita y abraza al enfermo y hasta le da un beso fraternal. Rápidamente se dirige a la casa de sus padres y reúne una cantidad estimable de dinero y regresando al hospital la reparte entre todos los leproso. Ahora es él quién besa la mano a cada uno de los leprosos
A los 24 ó 25 años va a Roma como peregrino a pie, siempre que había ido a la ciudad Eterna con su padre lo hizo a caballo. Allí es testigo como el rey Pedro de Aragón, siendo coronado por el Papa y recibiendo el titulo de abanderado de la Iglesia. Siete años más tarde, este rey, sufre la derrota y la muerte de manos de los que ahora lo encumbraban con este cargo honorífico de la Iglesia. Al salir de la iglesia nuestro santo, avergonzado por echar todo su dinero el cepillo de aquella y no dejar nada a los pobres que hay en la puerta, se acerca a ellos y le cambia a uno sus ropas por la de aquel. Después se dedica a pedir y todo lo que recoge se lo reparte entre los demás mendigos embargándole una insospechada dulzura. Con ellos come el contenido de sus miserables recipientes Más tarde diría recordando esto: “He elegido la sagrada pobreza como dueña mía para obtener los placeres y los tesoros físicos y espirituales que me proporciona”


Ya llegamos al año crucial en la vida y la obra de nuestro Santo Patrón, el 1207. Donde abandona los placeres mundanos y se refugia en la pobreza y en Evangelio. Esto ya se merece otro capitulo.




Andrés Marín Sánchez 2011


SAN FRANCISCO DE ASÍS (PARTE 2ª)

Siguiendo la narración sobre la vida de San Francisco de Asís, comenzada en el programa de fiestas del año pasado, intentaré dar esa visión poco conocida y también, como no, la conocida sobre su vida y obra.
            El año pasado nos quedamos con el futuro Santo a punto de cumplir los 25 años. Es el año del Señor del 1206. Francesco se dedica a recorrer las pequeñas iglesias y capillas de los alrededores de Asís, en especial la del San Damiano. Allí vive un aciano sacerdote que está a su cuidado.

          Un día Francesco carga varias balas de preciosos y caros tejidos  de su casa, pues como ya sabemos era hijo de un rico comerciante de tejidos de nombre Bernadone, en un caballo y va a venderlo al mercado de Foligno. Allí vende tanto la carga como la montura y con  el dinero que obtiene se dirige  a San Damiano. El viejo sacerdote rechaza el dinero de la venta y Francisco deja la bolsa con el dinero guardada en un nicho. Se instala en San Damiano, duerme en una cueva cercana y de día trabaja en la reparación de la iglesia
                  Su padre pretende de que vuelva a su casa. Francisco siente vergüenza de su cobardía y vuelve a  Asís a presentarse a su padre. En la cuidad no se habla de otra cosa  que del extraño comportamiento del joven Bernardone. Francisco tiene ahora 25 años.
            El padre le llena de reproches y él guarda silencio. Lo encierra en un cobertizo detrás del almacén de su comercio. Cuando el padre se va a un largo viaje de negocios, donna Pica, su madre, no puede soportar de ver sufrir a su hijo y lo libera de su  encierro. Francisco vuelve a San Damiano.
            Las mismas escenas se repiten, Francisco sigue sacando dinero de la caja de la tienda paterna y lo reparte entre los pobres. Estos lo esperan en la puerta de su casa para seguirlo a todas partes.
            Mientras tanto el padre pierde la paciencia y acude a las autoridades municipales para que expulsen a su hijo de la cuidad de Asís y lo deshereda al mismo tiempo. Francisco se sustrae a esta jurisdicción diciendo que es parte del clero. Los cónsules de la ciudad aceptan de buen grado quitarse el mochuelo de encima y se lo pasan al tribunal episcopal.
            El 10 de abril de 1207 se inicia el juicio del padre contra el hijo, bajo la presidencia del obispo de Asís, Guido II. Francisco acude vestido de harapos. Ni el padre ni el hijo están dispuestos a reconciliarse a pesar del intento del obispo de arreglar el contencioso.
            Francisco, por boca de su abogado Pedro de Catania, declara su firme intención de tener una nueva forma de vida: ¡El palacio de su padre, ya no podrá ser nunca su hogar!
            De pronto, entre la multitud que acude al acto, se va abriendo un pasillo por donde avanza Francisco desnudo en dirección al obispo. Lleva la bolsa de monedas, que guardaba en San Damiano, en un hatillo encima de un cojín. Cuando pasa al lado del obispo, este lo cubre con su estola blanca. Se arrodilla ante su padre y deposita  a sus pies el hatillo con la bolsa. Al levantarse se tapa sus desnudeces con la estola del obispo diciendo:
“Ya no poseo nada que me hayas dado tú, pues he encontrado otro padre”.

Renuncia de San Francisco
              Al acontecimiento acude entre la multitud una niña de unos doce o trece años, Clara D’Offeduccio, cogida de la mano de su primo Rufino, monaguillo del obispo. Más adelante como veremos, esta niña se convertirá en un personaje, Santa Clara, importantísimo en la obra de Francisco.
            Para recuperar la estola del obispo, lo visten los criados de él con unas ropas viejas de unos de ellos: una camisa gastada y una capa agujereada. Emprende así vestido una caminata para refugiarse en Gubbio. Va a la casa de un amigo que conoció en la cárcel de Perugia. Se tropieza con unos bandidos que al ver que no tenía dinero le arrancan la camisa y la capa de los hombros y como no encontraban nada le dieron una paliza y lo tiraron a una zanja. Unos campesinos que iban al mercado de Foligno lo sacaron de la zanja y lo ayudaron.
            Una vez en Gubbio su compañero de celda, el conde de Spadalunga, lo acogió con mucha amabilidad y lo vistió con ropas decentes. A continuación se dirigió al hospital de leprosos más cercano y cortando la capa, que la había regalado su amigo, la dedicó para hacer vendajes.
Regresa de nuevo Asís, vuelve a residir en San Damiano. Va mendigando por la ciudad aceite para la lamparilla de la iglesia y restos de comida para él. No quiere que el viejo sacerdote le mantenga

Interior de la Iglesia de San Damiano
            En estos días se ha convertido en el hazmerreír de la ciudad y en una vergüenza para su padre. La madre, donna Pica, no para de llorar y solamente su hermano Ángelo debe pensar que la situación le conviene, pues de seguir las cosas así, todo el negocio de sus padres sería para él
            Francisco se hace albañil, cantero y carpintero. Una vez acabados los trabajos de San Damiano se dedica a la restauración de la iglesia de San Pedro Della Spina. Francisco mendiga hasta las piedras. al principio la gente se reía de él, pero cuando lo ve arrastrando pesadas piedras colgadas sobre su débil cuerpo, empiezan a reflexionar y más de uno se acerca para descargar carretas enteras de piedra.
            En este tiempo Francisco va siempre acompañado de un mendigo llamado Alberto y cuando se encuentra con su padre, el viejo Bernardone, Francisco se arrodilla delante de su amigo y le dice :” Bendíceme padre mío” y luego vuelto hacia su padre: “Ya ves como Dios me ha dado un padre que me bendiga cuando tú me maldices”.
            Llegamos al 1208, Francisco redescubre Portiúncula, Santa María degli Angelis. Esta iglesia será el buque insignia de su obra. Encuentra también su primer compañero Bernardo de Quintavalle, el abogado de su padre en el litigio entre ambos. Este era doctor  in utroque (doctor en derecho civil y canónico)  de la Universidad de Bolonia. Francisco le dijo que se deshiciera de sus bienes. Después de venderlos lo repartieron a los pobres

          Portiúncula
            Pedro de Catania, su abogado, también le sigue renunciando a sus bienes. Cada vez más ciudadanos, ricos y pobres,  acuden a Francisco. Abandonan sus familias y sus casas, regalan sus bienes y acuden a Portiúncula.
            Mientras tanto en el sur de Francia, el legado papal Pedro de Castelnau es asesinado al parecer por un criado del conde de Tolosa. Con este  acto se empieza  oficialmente la cruzada albigense, la cruel guerra contra los cátaros. Por un lado el rey de Francia y la Iglesia, Simón de Monfort al mando de sus tropas, por otro el reino de Aragón (Pedro II) como dueño feudal del condado de Tolosa.
            En el 1209 ya son 11 seguidores los que tiene. Francisco lo único que pretende es ser un hermano o como mucho un “primus inter pares” (primero entre iguales). Su objetivo principal es seguir las enseñanzas de Jesucristo. No quiere ninguna regla ni nada que recuerde a una orden religiosa. Sólo trata de redactar una especie de evangelio abreviado para sus hermanos o una sencilla “forma de vida” para su incipiente comunidad de hermanos pobres.
            Francisco quiere acudir al Papa para que le confirme por escrito lo que llama su “vita”. Se  encamina hacia Roma el grupo formado por los doce hermanos, al igual que los doce apóstoles, van todos a pie. Propone que se elija como jefe a Bernardo de Quintavalle, sometiéndose a su mandato él el primero. Nada más llegar a Roma se dirigen sin vacilar al palacio de Letrán (la residencia en aquella época de los Papas) sudorosos y sucios como han terminado de su caminata, a ver al Santo Padre.
            Los guardias del Vaticano quieren impedirle el paso al verlos de manera tan desastrosa. Un monje de la abadía de Saint Trinian, que está presente allí de casualidad , le consigue el permiso y los  acompaña a través de los salones y pasillos hasta la presencia del Papa Inocencio III, que los recibe de bastante mal talante y manda a los guardias que los alejen de allí.
            Por recomendación de su obispo, el cardenal Giovanni Colonna los invita a su palacio. En este encuentro se establecerá una relación como de padre e hijo entre el poderoso cardenal y pobrecillo de Asís.
            En sus conversaciones con el cardenal, Francisco se pone terco, no quiere someterse a ninguna regla de ninguna orden ni quiere fundar una. Quiere que el Papa reconozca las líneas que ha apuntado para sí y para sus hermanos. Sólo pide que les dejen predicar en ese sentido. El cardenal Giovanni Colonna no se opone.
            En aquella época lo que menos necesitaba la Iglesia eran agrupaciones de “nuevos pobres en Cristo” y de frailes mendicantes y ambulantes que pululaban por todas partes. Era demasiado fácil para los herejes ocultarse en ellas.

Palacio de Letrán, lugar de residencia de los Papa en tiempos de San Francisco
                   
            El Papa Inocencio III recibe de nuevo a Francisco. Esta vez se presentan todos aseados incluidos sus pobres hábitos. Francisco obtiene la benevolencia del Papa aunque no le da nada por escrito. Salen del palacio de Letrán rezando y cantando dispuestos a regresar a Asís.
            En aquellos momentos de alegría les llega una invitación del cardenal Ungolino de Segni, que junto con el cardenal Giovanni Colonna había estado presente en la audiencia con el Papa, para que fuesen a comer a su palacio.
 Francisco se permite hacerles una broma. Recomienda a sus hermanos que mendiguen unas pocas cortezas de pan, restos de verdura y huesos. Con ese botín acuden al palacio donde les esperan sentados en la mesa parte de los personajes más influyentes de Roma. Con una sonrisa los sueltan en un montón en medio de la mesa como su aportación al banquete. Acto seguido se sienta humildemente al lado del cardenal Ungolino, que observa avergonzado su procedimiento. Francisco no se inmuta, después de rechazar los suntuosos platos que le ofrecen, comienzan a repartir sus “manjares” que nadie por supuesto habían tocado. Hace entrega a cada uno de los asistentes de su parte. Algunos se lo tragan a duras penas y otros con disimulo lo dejan debajo de la mesa.
El cardenal intenta quitar hierro a la situación y quiere hacer un aparte con Francisco, pero este casi no lo deja hablar:
“A mi me consuela más verme juntos a mis hermanos delante de un  mendrugo de pan que he mendigado, que sentarme a la mesa rodeado de hombres importantes”
Con estas palabras hace una señal a sus hermanos y juntos abandonan con grandes risas ese lugar que les parece tan inhóspito.
Durante su regreso a Asís, la anécdota les sirve para más de una risa reconfortante.


 
    Al  llegar a Asís le pidió permiso a su obispo para que le deje predicar en la iglesia de San Rufino, la catedral de Asís. El lleno es impresionante de gente que acude para oírlo. En esta predicación se convierte al movimiento franciscano Clara de Offeducio (Santa Clara).
¡Francisco ya es profeta en su tierra!

ANDRÉS MARÍN SÁNCHEZ 2012   



SAN FRANCISCO DE ASÍS (3ª PARTE)

  

        Nos quedamos en las fiestas del año pasado por el año 1210, cuando Francisco predica en su ciudad, Asís, en la Iglesia de San Rufino. Acabábamos diciendo que ya era profeta en su tierra.

ASÍS
            A comienzos del 1210, visita Asís el emperador Otón IV. El  obispo de Asís le pregunta a Francisco si quiere o está interesado ser presentado al emperador. La repuesta fue que el boato terrenal no le interesa y que había olvidado los tiempos en que soñaba ser caballero.
            Francisco ya tiene un confesor y secretario propio, el hermano Leo, como le corresponde al fundador de una futura orden.
Cuando la gente hablaba de Asís, piensa ya en él. Francisco y los suyos comían de lo que conseguían mendigar ese mismo día. Ayunaban los miércoles y los viernes. Comían la carne que roían de los huesos. Los dulces, que le gustaba muchísimo a Francisco, les echaba agua a las sobras mendigadas o los aderezaba con cenizas. No dejaban de comer, excepto durante la Semana Santa, el día de la muerte del Señor.
Para luchar contra las tentaciones recomendaba siempre tres remedios: primero la oración, el segundo, la obediencia, con que uno se habitúa a cumplir la voluntad ajena, y tercero la alegría en el Señor que ahuyenta siempre todos los pensamientos sombríos y perversos.
Cuando los exhortaba a luchar contra las tentaciones, a las palabras añadía la obra, arrojándose en el agua helada de un torrente en lo más crudo del invierno, para aniquilar el deseo de bienestar.
Cierta noche, según se relata en el Espejo de la Perfección, uno de los hermanos despertó a los compañeros diciendo: “Me muero, me muero”. Una vez todos despiertos, les dijo Francisco: “Levantémonos y encendamos la lámpara”. Hecho esto, pregunto quien había gritado que se moría. Uno de ellos respondió: “Soy yo”. Francisco le preguntó:”¿Pero que te pasa querido hermano, que hablabas de morir?”. “Me muero de hambre”, contestó el aludido. Francisco hizo que se preparase la mesa y ordenó al hermano que se sentase a comer, dándole el mismo ejemplo y ordenando a los demás hermanos que hicieran otro tanto para evitar al pobre la vergüenza de tener que comer solo.
Un día, Pedro de Catania propone que los nuevos novicios no dieran todos sus bienes a los pobres, sino que reservasen parte de ellos para las necesidades de la Orden, que se hacía cada día más numerosa, se le opuso tenazmente Francisco “por ser tal medida contraria a la Regla”.
Consultado por el vicario sobre  como alimentaría a tantos  hermanos que ingresaban en la orden, le contestó: “Si no puedes atender de otro modo a los que vienen, quita los atavíos y las variadas galas de la Virgen y véndelos. Créeme: la Virgen verá más a gusto observando el Evangelio de su Hijo y despojado el altar, que adornado su altar y despreciado su Hijo. El señor enviará quien restituya a la Madre lo que ella nos ha prestado”.
Francisco no solo predicaba el amor: todo su ser estaba poseído por ese aliento. ¡Francisco vivía de amor!
Por aquellos años se forma la cruzada contra los cátaros, al mando de Simón de Monfort junto al archiabad Arnaldo de Citeaux, legado papal, arrasando el condado de Tolosa. Tras la masacre de la ciudad de Berzier, Pedro II de Aragón cruza los Pirineos para defender a sus súbditos contra los cruzados, donde encontrará la muerte en la batalla de Muret en el 1213. Su cuñado Ramón-Roger II, el famoso Parsifal o Perceval del mito del Santo Grial, murió envenenado en la cárcel (1209).
Año 1212, se forma la cruzada infantil. Fue un movimiento incontrolado de peregrinos jóvenes que fracasó estrepitosamente no consiguiendo sus objetivos de llegar a Tierra Santa.
En este año Clara de Ofreduccio o de Scifi, Santa Clara, se encuentra con Francisco para unirse a su orden. Esta y su prima Pacífica, abandona su palacio y se presenta en Portiúncula. Allí le espera Francisco y sus hermanos. Estas se quitan sus joyas, despojándose de sus adornos para siempre. Todos los hermanos, menos Francisco, le cortan el cabello. Clara se retira y aparece vestida con un hábito que sujeta con una cuerda. Todo el grupo se encamina rezando al convento de mujeres de San Paolo de Bastia, donde las dos muchachas se refugian de momento. Poco tiempo después se acogen la prima Pacífica y la hermana menor de Clara, Catalina o Inés según otros, como hermanas menores de la futura orden. Poco después se trasladan a San Damiano donde Clara será nombrada abadesa, titulo que no aceptará hasta el 1215 por orden expresa de Francisco. Mas tarde se une otra hermana, Beatriz y su madre Ortolana cuando muere su marido
En otoño, Francisco parte para Tierra Santa acompañado de unos pocos seguidores. Una tormenta arrastró a la pequeña nave contra las costas de Dalmacia, cerca de la ciudad de Zara. De aquí regresan como polizones, no le permitían llevar dinero, al punto de partida, la ciudad de Azcona. Avergonzado del fracaso, se dedica a deambular por la región, siempre predicando.
En la primavera del 1213, Francisco convoca por primera vez una asamblea de todos los hermanos para Pentecostés en Portiúncula. Vivían repartidos por Umbría, Toscana, el Lacio y en las Marcas. Quiere este encuentro para tener una visión general del movimiento que él había puesto en marcha y que desde algún tiempo se le estaba escapando de las manos.
Mientras tanto seguía renovando más iglesias como la de San Gemini, dedicada a la Virgen.
En el 1214, en la reunión de Pentecostés, Francisco anuncia que partirá a Marruecos con Bernardo de Quintavalle. Otros hermanos lo harán a Túnez. El viaje de Francisco no pasa de Santiago de Compostela, pues cae enfermo y no puede seguir su viaje volviendo a Portiúncula cuando logró recuperarse algo.
En el 1215 viaja a Roma acompañado de  Pedro de Catania, Bernardo de Quintavalle, su secretario y confesor Leo y Elia de Cortona, para presentar su “regla”, que él la considera una simple orientación para llevar una “vita fraternitatis”. El cardenal Ugolino de Segni, futuro Papa, propone a Francisco que fusione su “fraternitatis” con la orden de los dominicos. Este rechaza la propuesta. Cabreado  sale de Roma y empieza a predicar por los alrededores.
La “ fraternitas fatum minorum”, de Francisco, es la última asociación de frailes mendicantes que se legaliza. Le pusieron como condición para ello, que celebrara un capítulo como mínimo cada tres años. Francisco bromea y les dice:
- Solemos reunirnos de todos modos, todos los años para Pentecostés. Por mi, ¡podemos hacerlo también el día de San Miguel y en Navidad!
            Sin embargo, el Papa, no puede decidirse aún a publicar la bula al respecto, pues la regla que ha aportado Francisco, le parece difusa y la imagen con que se presentan los franciscanos se le asemeja borrosa.
            En el capitulo de Pentecostés del 1216, acude Santo Domingo de Guzmán. Francisco predica a unos 3000 hermanos que se sientan sobre la hierba entorno suyo. Como una especie de milagro, se presentan unos campesinos con mulos cargados ánforas de vino dulce y otros con carros llenos de pan, judías cocidas y queso fresco envuelto en paños. Aparecen ciudadanos ricos y caballeros, que arrastran cargas enteras de jamones ahumados, ristras de salchichas y cestos de pastas y dulces. Estas gentes no son solo de Asís, sino de todas partes, de Perugia, Foligno y Spoleto.
Santa María de los Ángeles de Asís 


             Francisco se presenta ante el nuevo Papa Honorio para pedirle el poder de conceder la absolución a cada uno de los que visiten el día de la consagración de la iglesia de Santa María degli Angeli, de quedar absueltos de todos sus pecados.
            El Papa le pregunta:
- ¿Por cuánto años?
Y Francisco le responde:
- “No quiero años, ¡quiero almas, Santo Padre!
Y el Papa proclama: “Plenam forum pecaminum venuam indulgensis”. Francisco da un salto, le besa los pies al Santo padre y sale corriendo.
- Pájaro raro, ¡espera!¿No quieres esperar al menos que te demos vuestra bula por escrito?-.dice el Papa.
- ¡Mi documento es la Santísima Virgen y Cristo mi secretario! .- le contesta Francisco.
       De prisa los secretarios redactan el documento, limitando la absolución concedida en el sentido de que solo tenga vigencia desde el rezo de víspera hasta el rezo vespertino del día siguiente a la consagración. 
       Satisfecho, regresan Asís y el día 2 de agosto se celebra la nueva consagración de Portiúncula.
            En el capítulo de Pentecostés del 1217, acude el cardenal Ugolino de Segni, el “protector” de Francisco. El ambiente entre los hermanos estabas muy lejos de ser pacífico y unánime. Flotaban ciertas tensiones que amenazaban con estallar. Se enfrenta con Elia de Cortona y nombra vicario suyo a Pedro de Catania, mientras él esté predicando en Francia.
            En el capítulo de Pentecostés de 1219, acudieron unos 5000 hermanos. Es el considerado el “capítulo de las esteras”. Francisco al terminar su predicación proclama que viajará a Tierra Santa, pero no como peregrino, sino como misionero.
Mapa de Azcona

        El día de San Juan, Francisco embarca en Azcona. Una vez en Tierra Santa se dirige al encuentro del sultán egipcio El-Kamil. Una vez delante de él, entabla conversación e intenta “salvar” al sultán, convirtiéndolo. Este le tiene compasión y le da hospitalidad y pone a su servicio  sus médicos árabes para que le curen de una crisis febril.
        Al despedirse rechaza los regalos que le ofrecen, pero acepta un salvoconducto para visitar los Santo Lugares. Francisco y el hermano que le acompaña, Iluminado, son conducidos con todos los honores hasta las cercanías  del campamento de los cruzados. Y el sultán suspira:
-“Ciertamente debe de ser un hombre santo, pero ¿por qué ha de oler tan mal?
En el 1220, al llegar malas noticias sobre la orden, vuelve Italia junto con Elia de Cortona, Cesar de Spira y Pedro de Catania, entre otros. Francisco llega muy desmejorado de Palestina. Tiene afectado el hígado, el estómago y los intestinos, causado por  los viajes por mar, el clima y los alimentos de oriente. La luz deslumbrante y el agua salada le han provocado una grave enfermedad ocular. Una vez en Portiúncula despide a los médicos y se dedica a preparar un capítulo extraordinario para San Miguel, trabajando sin cesar día y noches sin prestar atención a la inflamación de sus ojos.
También le llega la noticia de la muerte de los cinco primeros mártires de la orden en Marruecos. Esta noticia también afectó a Santa Clara, quedando tan impresionada que resolvió ir ella también entre los infieles y recibir la palma del martirio junto a sus hermanas. Fue necesario la prohibición expresa de Francisco para impedir que llevara a cabo este proyecto.
Durante el invierno de 1220-21, obligado por una de sus frecuentes enfermedades, se había permitido comer carne cocida. Cuando se sintió algo aliviado, ordenó a su vicario Pedro  de Catania que lo arrastrase medio desnudo, tirándole del cuello con una cuerda, por las calles de Asís, al terminar su predicación en la catedral. Llegando a la plaza principal y al sitio donde ajusticiaban a los criminales, confesó en voz alta y delante de una gran muchedumbre, el pecado de gula que había cometido.
            En el capítulo de Pentecostés del 1221, acuden dos cardelanes Ugolino de Segni y Rainiero de Capoccio, cardenal de los cistercienses. Es nombrado por aclamación ministro general Elia de Cortona. Hace aquí su aparición un joven portugués, Antonio (de Padua), predica sobre la muerte, el fuego eterno y la Apocalipsis. Francisco pide permiso para hablar y lee un manojo de folios, son los primeros esbozos para una regla. La lectura se prolonga durante horas. A continuación ruega a Antonio que se incorpore a la universidad de Bolonia, cuando en años anteriores había procedido contra los hermanos que deseaban estudiar.
En agosto muere Santo Domingo de Guzmán.
Fonte Colombo
En 1222, Francisco se retira a la ermita de Fonte Colombo, más allá de Rieti. Le acompaña el hermano Leo, su fiel escribano, y Bonicio que estudió jurisprudencia en Bolonia. El objetivo de este retiro es escribir por fin la famosa regla sin ser molestados.
La regla debe incluir la obligación de luchar contra otras enseñanzas, como por ejemplos, las teorías de los escolásticos que se estaban extendiendo en demasía.
No quieren que los hermanos posean nada, ni siquiera un derecho. Rechaza Francisco de que algunos minoristas puedan ocupar importantes puestos como subalternos en la jerarquía de la Iglesia:”Nosotros los pobres, solo podemos servir a la Iglesia siendo pobres, menores y humildes, ¡y si seguimos considerando que este es nuestro único privilegio!”. 

Andrés Marín Sánchez, septiembre del 2013

 
 
SAN FRANCISCO DE ASÍS (4ª parte)

Entramos en los tres últimos años de su vida.
            En el 1223 se ha pasado todo el invierno en una nueva redacción de la regla, pasando hambre, frío y penurias y a pesar de ello está todavía sin terminar. Se traslada de ermita en ermita para disponer de la necesaria tranquilidad que le permita meditar y también para evitar que vuelva a pasarle algo a la regla.
             De repente rompe su retiro voluntario. Quiere predicar en Bolonia, la ciudad universitaria más antigua de Europa. Pretende cantarle las cuarenta a todos los que creen que la ciencia y las teorías escolásticas están por encima del Evangelio. En el día de la Asunción ha elegido el tema: “Los ángeles, los hermanos, los demonios”. Habiendo conseguido llevar a los “sabios”a reconocerse en estos últimos. La multitud que llena la plaza de la Comuna, no se siente indignada, al contrario, los doctores antes escépticos, se muestran entusiasmados y también la población común le aclama hasta el punto de que al final casi consiguen sacarle el hábito a trozos para llevarse un recuerdo de él.

Antes del capítulo de Pentecostés de ese año, 1223, la regla es entregada al Papa en Roma. El no puede estar presente por su delicada salud.
            Después del capítulo, Francisco vuelve a su vida de ermitaño en el Poggio de Bustone en los Montes Reatinos, en el convento de Subiaco y asiste a la consagración de la capilla de San Gregorio.
Poggio Bustone

            El día de San Saturnino, el Papa Honorio proclama en la bula “Salet annuere”, la confirmación de la regla de Francisco. Este acude a Roma solo a recoger la regla aprobada. Ha sido redactada con un carácter más acomodaticio y que la idea de su “fraternitas” amplía y generosa ha quedad relegada.  

                                                 Greccio
   Francisco elige para celebrar la Navidad, un pequeño lugar, Greccio, cuyo propietario le ha regalado un trozo de bosque que tiene numerosas grutas hechas en rocas de toba. En ellas dispone de todo: aprovecha la mayor para colocar en ella un comedero lleno de paja, introduciendo algunos bueyes y asnos. A media noche la población se acerca portando antorchas. Francisco vestido con la dalmática de diácono, lee los Evangelios, cuenta la historia del nacimiento de
Cristo con tanta entrega que la gente cree ver de repente una criatura en el comedero  rodeada de una áurea gloriosa. Los campesinos se llevan a su casa la paja del comedero para que proteja a los animales en el establo y a las mujeres a la hora del parto.
                                                Pesebre de Greccio
            
 
        El capítulo de Pentecostés del año 1224 ha sido muy pobre. Se ha instaurado la celebración de capítulos provinciales, de modo que muchos de los hermanos pueden ahorrarse un largo viaje. La hermandad se ha convertido en una poderosa orden representada en todo el mundo, atrayendo cada vez a más hermanos. Pero echan de menos la alegría, la esperanza, el entusiasmo y la tensión. Falta la despreocupación del pobre, el ánimo alegre con que era aceptada la penuria, la anarquía de un cristianismo original.
            Elia tiene un sueño horrible. Un sacerdote, vestido de blanco, le ordena que vaya a ver a Francisco y le anuncie su muerte, que se producirá dentro de dos años y que llevaría a este a la presencia de Dios. Cuando por fin se decide a contárselo, Francisco le dice:
- Puedes estar contento como lo estoy yo, pues al fin podré estar en presencia de Dios.¡Podré hablarle en tu favor!.- bromea Francisco, como si le hubiera dado una buena noticia.
            Francisco se toma muy en serio el anuncio de su próximo fin. Se refugia en una cueva del monte La Verna. Solo el hermano Leo tiene el privilegio de llevarle cada día un trozo de pan y una jarra de agua.
                                              Santuario de La Verna
             El hermano Leo asegura que vio que en el día de la Elevación de la Santa Cruz el 14 de septiembre, se le apareció a Francisco un serafín con seis alas llenando la montaña con una luz. El ángel tenía el cuerpo como de un hombre clavado en la cruz por las manos y los pies. Se posó sobre Francisco  y cuando se volvió a elevar, como una bola luminosa, este vio en sus manos y pies las señales del martirio del Señor y también que de su costado manaba sangre de una herida abierta que empapaba el hábito y los calzoncillos. Francisco le impone silencio a su hermano ocultando sus heridas lo mejor que puede con vendajes.
            Después de San Miguel desciende del monte La Verna para ir despidiéndose de algunos hermanos. En noviembre regresa a Portiúncula.
            En el 1225, Francisco arrastra su cuerpo enfermo “como un asno le sacan a palos su últimas energías”: ya no ahorra sus fuerzas sino que las gasta.
            En marzo vuelve a Portiúncula completamente agotado. Pide como condición para que lo vea el médico árabe del Papa, que le dejen despedirse de la dama pobre Clara. Apenas llega a San Damiano para verla, su mal estado empeora y los ojos le arden como carbones encendidos. Pide una habitación del todo oscura, donde le asaltan los ratones y le roban las pobres migajas de pan tenía para comer. 

 
San Damiano de Asís

   Aquí escribe el “Cántico delle creature”, su “Canto al sol" un himno al Dios creador. Ha exigido que le acompañe el hermano Pacífico, no porque no pudiera crear el solo este grandioso poema, sino que su alma necesita disponer de un acompañamiento musical. 
    El Canto al sol está pensado en primer lugar como canción y a francisco le había gustado cantarlo con una guitarra. La música le alivia el dolor. Elia le reprocha de que nos se enfrenta con la necesaria seriedad a la muerte. Este se ríe de él y hace llamar a los hermanos para presentarle el cántico
            Se refugia en Fonte Colombo y allí se someterá en una habitación a la intervención del cirujano. Este se presenta con dos hierros que calienta en el fuego. Francisco reza en voz alta: “Hermano fuego, te ruego que seas bueno y amable conmigo, que moderes tu ardor,¡para que tenga el valor de soportar tu caricia ardiente!
            El médico le quema la piel en ambos lados, desde las orejas hasta las cejas. El hierro penetra en la carne reventada casi hasta el hueso. Una vez superado el horrible procedimiento, francisco bromea aún con su torturador, queriendo saber “si lo ha tostado lo suficiente”.
Rieti
            En el 1226 llevan a Francisco de una operación a otra. Todo el mundo quiere ayudar a este pobre hombre, médicos, curanderos y sanadores, pero lo único que consiguen es empeorar sus dolencias. 



De Fonte Colombo se traslada a San Fabiano, donde dos doctores para curarle los ojos le perforan los oídos. Todo inútil. Se lo llevan a Rieti. Cada vez vienen más médicos a verlo y cada vez se les ocurren nuevos métodos de tratamiento. Francisco acepta con alegría que ejerzan tanta manipulación inútil en su cuerpo. Siempre con buen humor, invita a comer a su torturador principal, el médico sarraceno del Papa, sin haber pensado de lo que le iba a ofrecer: ¿verdura hervida?¿pan seco?¿agua?
            La tuberculosis lo ataca, el hígado y el bazo están muy afectados. Francisco pasa la Navidad con sus más íntimos en Poggio Bustone. Cuando llega la primavera el cardenal Ugolino ordena trasladarlo a Siena, donde le esperan nuevos médicos famosos.
Siena
            Sus compañeros desoyéndolo, le cosen un nuevo hábito y otra muda de recambio, pues sus heridas siguen supurando. Ponen cuidado de no mostrarlas a todo el mundo. A la llegada a la Toscana sufre una fuerte hemorragia. Los hermanos y el mismo Francisco creen llegada su última hora, por lo que dicta un testamento a toda prisa, aunque breve.
            Al recuperarse se lo llevan a Cortona. Allí la hidropesía le ataca, se le hinchan los pies y el vientre, a la vez que su rostro se consume y la vista le empieza a fallar.
            A mediados de junio pide su traslado a Portiúncula. Atraviesa Asís en procesión triunfal, los mojes forman un pasillo de honor y aplauden a “su” Francisco, al que llevan medio inconsciente por la calles.
            Llegado el 3 de octubre les dice lo que tienen que hacer con él en sus últimos instantes:
- Cuando veáis que expulso el último aliento, debéis acostarme desnudo en el suelo y dejarme allí hasta que exhale mi último suspiro.
            Al atardecer se oye en el aire por encima de la choza de Portiúncula, el trino de las golondrinas o de alondras. Cuando las sombras de los árboles empiezan a fundirse con la oscuridad de la noche. Los hermanos inician el canto del salmo “voce mea…ad dominum clamavi”. Sus amigos lo depositan desnudo sobre el suelo y la muerte acaba apoderándose de él. Cantan para recorrer con él la “última milla”. Lo  visten con la mortaja de lino y lo velan hasta que sale el sol.
             En la mañana del 4 de octubre, un domingo dedicado a la Virgen, Francisco inicia su último viaje.
            En todos los caminos se agolpa la gente. Nadie ha dormido esa noche. La comitiva se detiene ante San Damiano y los hermanos elevan el ataúd por encima de sus cabezas, para que Clara y las hermanas puedan verlo.
            Una vez en Asís, lo llevan a San Giorgio, la iglesia de su infancia, donde será enterrado.
Basílica de San Francisco de Asís
En 1228, el 16 de junio, Gregorio IX lo canonizó antes de los dos años de su muerte.
            En mayo de 1230, el Papa Gregorio IX, Ugolino de Segni, acude al traslado de los restos de Francisco a la nueva Basílica de Asís, construida por Elia de Cortona.
             


ANDRÉS MARÍN SÁNCHEZ.