lunes, 26 de diciembre de 2022

 

EL MAYOR EXPOLIO OFICIAL DE LOS BAÑOS

 

Hace 100 años, en el año 1922 hubo una serie de descubrimientos de restos romanos en los calares de los Baños. Uno de ellos hace tiempo que le di publicidad, en este blog se recoge con el título de “A vueltas con los Baños”.

Algunos periódicos de aquellos años llevaban en sus páginas esta notica como la Revista Don Lope de sosa de julio de 1923,  La Región de 23 de septiembre de 1926 y El Defensor de Córdoba de 9 de noviembre de 1926.

El  día 11 de mayo de 1922, labrando un olivar en el Calar  de la Señora, en los alrededores de la Villa Romana de los Baños,  de Arroyo del Ojanco, propiedad de Esteban Bueno y por el obrero que allí trabajaba labrando estas tierras, Antonio José Bueno Torres.

Fueron halladas varias lápidas funerarias que el artículo más arriba indicado daba las correspondientes explicaciones, al parecer pertenecientes al siglo I de nuestra era.

          Parte de las piezas halladas en los Baños y  que entraron a disposición de Tomás Román Pulido

Tomás Román explicaba en la revista don Lope de Sosa, el significado de las lápidas y donde llevaría o donaría una, el Museo provincial de Bellas Artes de Jaén. Parece ser que nunca habría llegado alguna de estas piezas allí. Dice que fueron compradas por él.


Parte de las piezas halladas en los Baños y que entraron a disposición de Tomás Román Pulido



                      Lápida funeraria de los baños encontrada en 1922 

    También se encontró, junto con otros vidrios, una bandeja, también de vidrio, fragmentada, pero cuyos restos permitían  darnos una idea exacta de su forma primitiva. Este vidrio de color azul intenso obtenido por moldeo tiene unos 30 cm. de longitud por 12,5 cm. de ancho y un espesor variable de 6,5 mm. Enmarca la bandeja un borde rectangular de unos 24 x 12 cm. Prolongándose en sus lados menores por unas asas planas, recortadas en sencillas volutas simétricas. La superficie de la bandeja no es lisa; desde el borde , puede tener unos 2 mm, alcanza el grosor máximo, desciende rápidamente la superficie en un prolongado plano inclinado hasta quedar con un espesor mínimo de unos 3 mm, aumentando nuevamente hacia el centro para llegar a 6, a una distancia del borde que es variable según el dibujo y que puede ser  mucho más o menos de unos 4 centímetros; aquí se marca un  nuevo descenso para trazar en bajorrelieve, sin modulaciones o detalles, la silueta de un pez.

     

    

Bandeja de vidrio encontrada en los Baños en 1922

La descripción de estos objetos los he hecho en presente, como si existieran en algún sitio conocido, pero a veces creo, que si existen todavía, estarán en algún lugar de incognito.

El 23 de septiembre de 1926, el arqueólogo español P.M. de Artiñano publicó un artículo en el “Archivo Español de Arte y Arqueología” sobre el hallazgo de esta pieza de vidrio.

Este arqueólogo estudió, tanto desde el punto de vista histórico y artístico, como es la composición química del vidrio hallado, llegando a la conclusión de que dicho objeto  pertenece del siglo V al VI, anterior a la dominación árabe del Norte de África, en pleno poderío visigodo en nuestra Península.

Alababa y ensalzaba este descubrimiento, como recientemente se ha hecho sobre la patena paleocristiana de vidrio encontrada en las excavaciones de Cástulo. Decía así sobre ella:

“La importancia de este descubrimiento es enorme, si se tiene en cuenta que define, cosa hasta ahora nada más que problemática, las piezas de vidrio visigodas de que habla San Isidoro en sus Etimologías, que tan sólo han llegado a nosotros  en los hallazgos de las excavaciones del Carpio del Tajo, en las Coronas de Guarrazar y, en general, en los poquísimos ejemplares visigodos españoles que hoy se conservan.”

Pero años más tarde, entre el 16 al 19 de mayo de 1948, se intentó contradecir las teorías del señor Artiñano sobre la antigüedad de la “patena” o bandeja que en esas fechas se decía que era. En el IV Congreso Arqueológico del Sudeste Español, celebrado en Elche, entre otros temas se dio a conocer en la sesión del día 19 el trabajo “La bandeja de vidrio de Beas (Arroyo)”, por M. Arnau Rodríguez y G. Aulet Sastre del Laboratorio de Arqueología de la Uv.  De Valencia. En  él se intenta contradecir a P.M. Artiñano en su artículo publicado en el Archivo Español de Arte y Arqueología del día 23  de septiembre de 1926 sobre la bandeja de vidrio encontrada en Arroyo del Ojanco.

En esta ponencia se hablaba de las “circunstancias del hallazgo”. En este apartado se hace una descripción de cómo, cuándo y dónde se encontró. Así como las características de dicha pieza arqueológica. Se enumeraba, además del señor Artiñano, otros arqueólogos que se habían ocupado del tema como el señor Gudiol y el Marqués de Lozoya, que a entender de los ponentes no habían hecho más que admitir el trabajo del señor Artiñano: “Siguiendo este autor, los demás dan a la bandeja una función y cronología con la que no estamos de acuerdo”. El título “Una patena de vidrio visigoda”, según los ponentes de la Universidad de Valencia, encerraba dos aseveraciones, una a la función de la pieza y otra su cronología.

 Pues como hemos visto, no sólo se encontró la bandeja de vidrio sino una gran vasija de vidrio, de espesor considerable, ligeramente verdoso, al parecer de forma aproximadamente esférica, tan incompleta y fraccionada, que era imposible intentar una reconstitución; en cambio, pudo lograrse entera una botella o frasco piriforme de 12,5 centímetros de alto; se encontraron  también el largo cuello y un fragmento de otra pieza cuya parte cilíndrica  alcanzaba unos 18 centímetros de longitud y abundantes pedazos de un frasco para bálsamo, azul con bucles o plumas de hilo amarillo, blanco y de otros colores de tipo de fabricación fenicia, pieza que debió de ser de excepcionales proporciones viendo el tamaño de sus fragmentos..

No sé si está a buen resguardo esta bandeja, donde debería estar, en el Museo Arqueológico Nacional o como otras piezas de aquellos años que se decían que estaban en el Museo Provincial de Jaén, pero que nadie las han visto en él. Y es más la bandeja de vidrio estuvo en poder del afamado médico  y estudioso de estos contornos, don Tomás Román Pulido que se la ofreció al Pedro Miguel Artiñano para su colección particular, pero al final fue adquirida por este a comienzos del verano de 1926, unos meses antes de publicar su artículo en la revista “Archivo Español de Arte y Arqueología”.

El calar de la Señora es el calar de los Baños y esta villa romana tuvo su esplendor entre los siglos I, en que se construyó y el siglo IV en que dominaba la gran villa bajoimperial y con la interrupción en el último tercio del siglo III (año 278 de nuestra era) con la posible destrucción de la villa por campesinos y su posterior florecimiento a finales del mismo siglo III y el IV.

 ¿Cuántos restos de nuestro patrimonio se perdieron por aquellos años, en que don Tomás Román fue protagonista directo de ellos? ¿ Serían las cien lápidas del anticuario de la calle Elvira de Granada también de este periodo? ¿Y después?

 Hablemos ahora del personaje que dio  publicidad a estos hallazgos y que la inmensa mayoría pasaron a sus manos, algunos por compra, D. Tomás Román Pulido. Nació en Villacarrillo, en cuya población residía en aquella época. Era licenciado en Medicina por la Universidad de Granada desde 1890 e hizo los estudios de doctorado en Madrid en 1891. Allí fue dos años Ayudante del Real Hospital del Buen suceso. Desempeñó luego la titular de Orcera y en aquellas fechas lo era de Villacarrillo, donde también ejercía la subdelegación del Medicina del partido. Hombre de gran cultura y de extraordinaria erudición, cultivó provechosamente las ciencias históricas, en especial de arqueología, la heráldica y la numismática. Tenía una rica y variada colección de objetos y de monedas y acudía  solícito con su consejo y su interés a todo hallazgo curioso. Los lectores de la revista Don Lope de Sosa habían saboreado sus escritos y apreciado  en justicia sus méritos del Sr. Román Pulido a quien deben mucho la historia y el arte de la provincia de Jaén. Esto decía la dicha revista.

También en esta revista se publicaron varios artículos, además de este de los Baños, de Tomás Román, sobre la cueva de la Lobera de Castellar y colecciones de piezas encontradas en otros yacimientos de la provincia, como en Mogón, Villanueva del Arzobispo y colecciones italo-griego e ibero-romas,  como las denominaba él o de Peal de Becerro, del Cerro de la Horca. De estas explicaba que había dos colecciones: una las más numerosa y diversa adquirida por el Estado y otra suya de unas ciento veinte piezas de cerámicas y esperaba aumentarla con el las exploraciones que se estaban practicando en otros lugares de Peal además del anterior, en el cortijo de la Mantellina y en los llanos de la Ermita de San Marcos.

            A continuación expongo algunas piezas de Tomás Román que exponía en la citada revista don Lope de Sosa

                                                    
             Ajuar ibero-romano de la colección de Tomás Román                                

                                                         Venus del Santuario de Castellar

                                     Exvotos de la Cueva de la Lobera                               



                                                       Hermes de la Cueva de la Lobera

            

                                                                                                                                                         




                                                            Mercurio. Estatua de cobre

 

Crátera y falcata

      

                                   


 

 


                                          Lamparillas y exvotos de la Cueva de la Lobera

 

 

                                                     Toro de la cueva de la Lobera

 

                                                                      Vasija romana                                                 



                                                Vasijas procedentes de Turruñuelos


                                              Lecito  italo-griego del siglo V antes de Cristo




ANDRÉS MARÍN SÁNCHEZ, Diciembre del 2022