martes, 13 de octubre de 2026

OCHO SIGLOS DE LA MUERTE DE UN HOMBRE MÁS QUE UN SANTO, FRANCISCO DE ASÍS (1181 ó 1182 -1226)

 





            Este domingo 4 de octubre de 1026, igual que aquel domingo 4 de octubre de 1126, día en que murió nuestro Santo Patrón han transcurrido 800 años. Coincidiendo con el también 8º centenario de la aparición de la Virgen de la Cabeza al pastor de Colomera (Granada) en los parajes de Sierra Morena denominado el Lugar Nuevo.
         En este mi pueblo se habló poco de este acontecimiento sobre la vida de nuestro Patrón, el pobrecillo de Asís, constructor o reparador de iglesias, amante de la naturaleza y alegre cantor ante la adversidad del cada día en su cuerpo maltratado.

            Cuando se le nombró patrón de este pueblo, en 1935, hubo una simbiosis entre un pobre y alegre pueblo que quería serlo y este pobre y alegre hombre que era santo. 

            Quiero poner a continuación como fue su vida en los últimos 18 meses de ella. De mi artículo en este blog que escribí sobre la vida del Santo Patrón de Arroyo del Ojanco, titulado San Francisco y su Tiempo, he recogido este periodo de tiempo que más arriba indico para contar como vivió sus últimos y penosos días de sufrimiento por las dolencias de su cuerpo y la alegría de su alma. 

             Nunca quiso tomar relevancia sobre los demás hermanos, era uno entre iguales. No quiso gobernar ni ser el jefe de la orden de hermanos menores que fundó. No fue o no tomó la orden sacerdotal, no pasó de diacono. Quiso ser el hermano más pobre entre los pobres. Hermanos de sus orden fueron los verdaderos “conquistadores”, evangelizadores del virreinato de Nueva España, dicho de otro modo, Méjico con sus doce hermanos descalzos que desembarcaron después de la conquista o caída de Tecnoltilan (Ciudad de Méjico) 

            Y su obra sigue perdurando 800 años después. Recordemos esos últimos meses de nuestro Santo llenos de dolor por su enfermedades y llevado con la mayor alegría posible, “El Canto al Sol) por este sencillo hombre Santo. 

             Decía así en este artículo: 

            “En el 1225, Francisco arrastra su cuerpo enfermo “como un asno le sacan a palos su últimas energías”: ya no ahorra sus fuerzas sino que las gasta. 

            En marzo vuelve a Porciúncula completamente agotado. Pide como condición para que lo vea el médico árabe del Papa, que le dejen despedirse de la dama pobre Clara. Apenas llega a San Damiano para verla, su mal estado empeora y los ojos le arden como carbones encendidos. Pide una habitación del todo oscura, donde le asaltan los ratones y le roban las pobres migajas de pan tenía para comer. 

             Aquí escribe el “Cántico delle creature”, su “Canto al sol” un himno al Dios creador. Ha exigido que le acompañe el hermano Pacífico, no porque no pudiera crear el solo este grandioso poema, sino que su alma necesita disponer de un acompañamiento musical.              El Canto al Sol está pensado en primer lugar como canción y a Francisco le había gustado cantarlo con una guitarra. La música le alivia el dolor. Elia le reprocha de que no se enfrenta con la necesaria seriedad a la muerte. Este se ríe de él y hace llamar a los hermanos para presentarle el cántico. 

            El cardenal Ugolino ordena a Francisco que se somete al tratamiento que le presenta el médico personal del Papa. Francisco siente pánico ante esta posibilidad.

             Se refugia en Fonte Colombo y allí se someterá en una habitación a la intervención del cirujano. Este se presenta con dos hierros que calienta en el fuego. Francisco reza en voz alta: “Hermano fuego, te ruego que seas bueno y amable conmigo, que moderes tu ardor, ¡para que tenga el valor de soportar tu caricia ardiente! 

            El médico le quema la piel en ambos lados, desde las orejas hasta las cejas. El hierro penetra en la carne reventada casi hasta el hueso. Una vez superado el horrible procedimiento, Francisco bromea aún con su torturador, queriendo saber “si lo ha tostado lo suficiente”. 

            En el 1226 llevan a Francisco de una operación a otra. Todo el mundo quiere ayudar a este pobre hombre, médicos, curanderos y sanadores, pero lo único que consiguen es empeorar sus dolencias.

             De Fonte Colombo se traslada a San Fabiano, donde dos doctores para curarle los ojos le perforan los oídos. Todo inútil. Se lo llevan a Rieti. Cada vez vienen más médicos a verlo y cada vez se les ocurren nuevos métodos de tratamiento. Francisco acepta con alegría que ejerzan tanta manipulación inútil en su cuerpo. Siempre con buen humor, invita a comer a su torturador principal, el médico sarraceno del Papa, sin haber pensado de lo que le iba a ofrecer: ¿verdura hervida?¿pan seco?¿agua? 

            La tuberculosis lo ataca, el hígado y el bazo están muy afectados. Francisco pasa la Navidad con sus más íntimos en Poggio Bustone. Cuando llega la primavera el cardenal Ugolino ordena trasladarlo a Siena, donde le esperan nuevos médicos famosos.

            Sus compañeros desoyéndolo, le cosen un nuevo hábito y otra muda de recambio, pues sus heridas siguen supurando. Ponen cuidado de no mostrarlas a todo el mundo. A la llegada a la Toscana sufre una fuerte hemorragia. Los hermanos y el mismo Francisco creen llegada su última hora, por lo que dicta un testamento a toda prisa, aunque breve. 

            Al recuperarse se lo llevan a Cortona. Allí la hidropesía le ataca, se le hinchan los pies y el vientre, a la vez que su rostro se consume y la vista le empieza a fallar. 

            A mediados de junio pide su traslado a Porciúncula. Atraviesa Asís en procesión triunfal, los mojes forman un pasillo de honor y aplauden a “su” Francisco, al que llevan medio inconsciente por la calles. 

                        

                                         Ermita de Porciúncula 


            Llegado el 3 de octubre les dice lo que tienen que hacer con él en sus últimos instantes: 

         - Cuando veáis que expulso el último aliento, debéis acostarme desnudo en el suelo y dejarme allí hasta que exhale mi último suspiro. 

               Al atardecer se oye en el aire por encima de la choza de Porciúncula, el trino de las golondrinas o de alondras. Cuando las sombras de los árboles empiezan a fundirse con la oscuridad de la noche. Los hermanos inician el canto del salmo “voce mea…ad dominum clamavi”. Sus amigos lo depositan desnudo sobre el suelo y la muerte acaba apoderándose de él. Cantan para recorrer con él la “última milla”. Lo visten con la mortaja de lino y lo velan hasta que sale el sol. 

             En la mañana del 4 de octubre, un domingo dedicado a la Virgen, Francisco inicia su último viaje. 

            En todos los caminos se agolpa la gente. Nadie ha dormido esa noche. La comitiva se detiene ante San Damiano y los hermanos elevan el ataúd por encima de sus cabezas, para que Clara y las hermanas puedan verlo. 

            Una vez en Asís, lo llevan a San Giorgio, la iglesia de su infancia, donde será enterrado. 

    


                                                Basílica de Asís


            En 1228, Gregorio IX lo canonizó Y en mayo de 1230, el Papa Gregorio IX, Ugolino de Segni, su protector, acude al traslado de los restos de Francisco a la nueva Basílica de Asís, construida por Elia de Cortona.” .


 ANDRÉS MARÍN SÁNCHEZ. Fiestas de San Francisco de 2026